sábado, 10 de abril de 2010

Despierten las conciencias...

Nosotros no levantamos el puño aquel veinte de noviembre de 1975. No buscamos el mar bajo los adoquines aquel hermoso 68 en el que nos prohibieron un amanecer nuevo. No fuimos maquis, no formamos parte de la resistencia. No llevamos un número grabado a fuego en nuestro brazo. No hemos probado el sabor de la sangre cuando se derrama en nombre de la libertad.
La mayoría nos sentaremos delante del puto televisor con ochenta años y nos habrán vendido tantas mentiras que a penas podremos recordar que aquí hubo una guerra, que nuestros mayores lucharon por un futuro distinto que nosotros no habremos sabido aprovechar. Moriremos en el fracaso de haber construido un futuro para nuestros hijos. Y seremos una de esas personas que se creen libres: libres de elegir si su coche será un deportivo o no, libres de elegir quien le hace la declaración de la renta, libres de elegir a qué banco pedir el próximo crédito, libres de elegir qué hijo de puta subirá o bajará las pensiones el próximo año. Y sí, nos sentiremos orgullosos. Orgullosos de ser una generación vacía que tan solo salía a la calle para beber. Orgullosos de saber lo que es manifestarse solo por los libros de historia. Orgullosos de haber vivido en la paz que nos venden. Mientras tanto callarán nuestra conciencia y atarán nuestros principios. Nos dirán que es ilegal, seremos máquinas programadas que solo sepan hacer cosas que beneficien a su Estado. Porque les jode ver que hay otras formas de vivir. Porque la palabra utopía queda demasiado obscena en sus bocas como para que puedan entender que es más posible que la vida que nos venden.
FUCK.

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